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El sol de la tarde caía sobre el palacio, bañando los jardines con una luz dorada que contrastaba con la oscuridad que Khaled sentía crecer en su interior. Desde su despacho, observaba a través de los ventanales cómo Rashid caminaba por los senderos de mármol, saludando a cada miembro del personal con una sonrisa calculada. El embajador se había convertido en una presencia constante durante las últimas semanas, apareciendo en cada reunión, ofreciendo consejos no solicitados y, lo que más inquiet