IVANNA
Las caricias en mi espalda me despiertan y sus besos hacen qué me voltee sintiendo en mi cuello el collar qué me regalo.
—Buenos días.
—Hola buenos días.
Dejo que me bese de nuevo metiéndose ente mis piernas, pero el quejido lastimero detiene su intento de penetrarme de nuevo.
Lo tiene tan duro que quiero ayudarle pero estoy agotada y adolorida también.
—Lamento esforzarte tanto.
Solo me besa el cuello y aunque deseo que me haga suya, en verdad me duele demasiado la vagina.