Capítulo 18: En casa
Cruzo la puerta de mi casa y, apenas doy un paso, una vocecita conocida me envuelve.
—¡Mami! —exclama mi hija.
Lia corre hacia mí como un torbellino y se aferra a mis piernas con tanta fuerza que casi me hace perder el equilibrio. El corazón me da un vuelco. Me agacho de inmediato y la estrecho contra mi pecho. Respiro su aroma dulce, cálido, ese aroma que amo y el que me regresa a la vida.
Después del día miserable que tuve, sentirla en mis brazos es lo único que me sostie