Capítulo 113: A cuarenta minutos del infierno
El auto avanzaba por la carretera como una cuchilla en la oscuridad. El motor hacía ruido y vibraba dentro, pero nadie decía nada. No se mantenía silencio debido al miedo. Era silencio por concentración. Por urgencia. Por rabia contenida.
Ava estaba en el asiento trasero, con las manos apretadas sobre las rodillas. Había dejado de llorar porque ya no tenía lágrimas; ahora solo tenía una presión insoportable en el pecho que no se iba. Tenía ganas de