ALMAS DESTINADAS – UNA PISTA DEMASIADO PEQUEÑA
La librería estaba más llena de lo que Sarah esperaba para ser media mañana.
Entró con el saco doblado con cuidado sobre el antebrazo, como si fuera algo frágil o prestado en un sentido más profundo que el material. El lugar olía a papel viejo, a madera encerada y a café recién hecho. Era un espacio angosto, con estantes altos que parecían inclinarse unos sobre otros, cargados de títulos subrayados por el paso del tiempo.
Se quedó quieta un segundo