ALMAS DESTINADAS - UN OBJETO INQUIETANTE
La mañana se había instalado con una claridad fría que entraba por la ventana de su pequeño departamento. Sarah estaba de pie frente a la cafetera, observando cómo el líquido oscuro caía gota a gota en la jarra. Sin embargo, su mente no estaba allí. No estaba en el café, ni en la luz del día, ni siquiera en la lista de pendientes que la aguardaba.
Estaba en un saco de lana fina, color gris marengo, que colgaba ahora del respaldo de una silla en el centro