Los fuertes golpes en la puerta despertaron a Astra de su sueño. Abrió los ojos lentamente y entrecerró los párpados ante la luz de la mañana que entraba por la ventana. Se sentó y se frotó los ojos.
A su lado, Indigo se removió y soltó un suave gemido. Estiró los brazos. Otro golpe fuerte sacudió la puerta.
—Yo abro —dijo Indigo. Se levantó de la cama y caminó descalza por el suelo de mármol. Abrió la pesada puerta.
Una mujer mayor estaba allí de pie, con los brazos cruzados. Su rostro parecía