Capítulo 21. La culpable
Succionó con fuerza, con la desesperación de un hombre que no piensa, que solo actúa. Sabía que probablemente no sacaría nada útil de allí, que era más un gesto de impotencia que de medicina. Pero en ese instante, Cassio se sentía capaz de darlo todo, incluso su vida, con tal de verla despertar.
En ese momento, entró Damiana a la habitación.
— ¿Que está haciendo? — preguntó a Dominga al ver la escena.
— ¿No estás viendo? Está tratando de… succionar el veneno de ese animal.
Damiana abrió los ojos