Capítulo 30. El perdón y el hijo que no nació
Ahora muchas cosas habían sido confesadas, ambos corazones estaban volviendo a latir. Olivia lo miraba con los ojos humedecidos, el corazón latiendo con tanta fuerza que parecía querer salirse de su pecho. Cassio la sostenía por la cintura, como si temiera que en cualquier instante fuera a desvanecerse entre sus brazos. El silencio que se extendió entre ellos estaba lleno de palabras no dichas, de culpas, de reproches, pero sobre todo de amor contenido.
— Olivia… — su voz fue apenas un murmullo