AARON BIANCHI
—Sabes que no me intimidas— trato de parecer superior, sofisticado, siempre recalcando que él era el Sandarti, el de la sangre azul, el de la clase superior, eres un asesino… pero eres bruto como un asno— se carcajeó y tomó una distancia prudencial. Era un idiota cobarde y eso no podía olvidarlo.
Pocas cosas motivarían a Andrés Sandarti: la primera sin dudas, molestarme a mi; y la segunda el dinero… en efectivo y en cualquier moneda fuerte, ya fueran dólares, euros o libras est