Los días siguientes fueron para mí como una especie de pesadilla interminable. Recuperé mi libertad, sí, pero a un costo que me carcomía el alma. Viktor intentó acercarse, hablar conmigo, suplicar una explicación, pero no lo escuché, aunque por dentro me estuviera muriendo. Me mantuve firme, obtuve mi puesto en la junta: ahora soy la vicepresidenta. Sophie volvió al colegio, pero ahora soy mucho más cuidadosa con ella; solo la envío dos horas a clases, y el resto del día lo pasa conmigo en el h