La nota ya no parecía papel.
Se sentía como una mano apretándole la garganta.
Rena estaba de pie en medio de su habitación, leyéndola por cuarta vez. Quizás la había malinterpretado, quizás las palabras se transformarían en algo menos aterrador si las miraba con atención.
No fue así.
«La luz no puede esconderse para siempre. Ya estamos dentro».
Se sentó lentamente en la cama; la cinta aún rodeaba su muñeca. La marca en su brazo estaba caliente, palpitando como si pudiera sentir su miedo e inten