CAPÍTULO 22 — YA NO ESTÁ A SALVO.
Rena despertó con los ojos pesados y el pecho aún más oprimido.
La cinta azul seguía atada a su muñeca, la página rota escondida bajo el colchón. Tocó la marca en su brazo; estaba caliente, pero silenciosa por ahora. La casa se sentía más pequeña esa mañana, los muros de piedra la oprimían como si conocieran más secretos que ella.
Se vistió rápidamente y se puso manos a la obra. El patio de la lavandería la esperaba con su agua fría y montones interminables de ropa. Frotó con más fuerza de lo