Rena no durmió esa noche.
Se quedó tumbada en su delgado colchón con la página rota y la cinta azul debajo de la almohada, con el brazo izquierdo pegado al pecho para que la marca no volviera a brillar. Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro tenso de Darien en el trastero, la forma en que había revisado el pasillo como si alguien pudiera estar escuchando. Sus palabras resonaban en su cabeza.
«Aléjate de las viejas historias. No te incumben».
Pero el trastero le preocupaba más que cualqui