Rena salió de su habitación cuando el cielo aún estaba gris.
Se movió como una sombra, pasando desapercibida entre los guardias dormidos y manteniéndose cerca de los muros de piedra. La nota del anciano Cael le ardía en el bolsillo. La cinta azul permanecía atada a su muñeca, oculta bajo la manga. Cada paso hacía que la marca en su brazo palpitara con más fuerza, como si supiera que por fin se acercaba a las respuestas.
El viejo pozo se alzaba en el extremo del territorio, medio oculto por la h