Rena permanecía inmóvil en medio de su pequeña habitación, con el pecho agitado.
La cinta azul aún colgaba suelta alrededor de su muñeca, húmeda por el sudor del entrenamiento. La marca en su brazo brillaba suave y dorada bajo la manga, resistiéndose a desaparecer a pesar de que presionaba con fuerza la palma de la mano contra ella. La voz de Darien volvió a oírse a través de la puerta: baja, áspera, nada parecida a su tono tranquilo habitual.
«Rena. Abre la puerta».
No se movió. Sentía las pier