C65: COMO USTED ME LO ORDENÓ.
África era consciente de que, con Damián, Asherad estaría inevitablemente más presente, más atento, más cercano de lo que lo estaría con los hijos que pudieran venir después. Ella deseaba, por supuesto, tener hijos propios de él, hijos de su sangre, cachorros que nacieran de su vientre y consolidaran aún más su lugar como Luna.
Sin embargo, no estaba dispuesta a aceptar que esos futuros hijos fueran relegados a un segundo plano, tratados con menor importancia solo por haber llegado después del primogénito. No quería que crecieran a la sombra de Damián ni que fueran vistos como inferiores. En su interior, África se repetía que todos debían recibir el mismo valor, el mismo reconocimiento, el mismo peso dentro de la manada.
Aun así, le resultaba difícil mirar a Damián y sentirlo plenamente como suyo. No podía negarlo: le costaba. La paciencia no le nacía de forma natural y el vínculo no era espontáneo. Pero sabía que debía esforzarse.
Ante los ojos de todos, Damián era su hijo. El cachor