Asherad estaba al límite. El aroma de Sigrid lo envolvía por completo, denso, embriagador. Cada inhalación era una provocación directa a su lobo interior, que no dejaba de rugir dentro de él, insistente, salvaje, reclamando una sola palabra que martillaba su mente una y otra vez: mate. Exigía el vínculo, la marca, la posesión. Exigía que fuera ahora.
«No es el momento para esto…» se repetía en silencio, aferrándose a la última hebra de autocontrol.
Pero su lobo era terco, brutalmente decidido.