—En ese caso, quizá usted debería considerar tomar por esposa a una de las hijas de Asherad. ¿No le parece una alternativa adecuada? —resaltó Nayla—. Celeste, por ejemplo… es la mayor, y eso la convertiría en la elección más apropiada.
Aquella sugerencia provocó en Elliot una reacción que intentó disimular; tragó saliva y desvió la mirada por un instante antes de responder con aparente calma.
—No lo sé… tal vez sea algo que podría contemplar en el futuro, quién sabe —dijo finalmente—. Asherad e