—Gael… —pronunció Rayborn—, eres un hipócrita. ¿De verdad pretendes decirme que todo esto, todas esas muertes, toda esa sangre… fue únicamente para ganarte mi confianza y, al final, vengarte de mí? ¿Crees que ha valido la pena? Mírate —alzó la espada y la señaló con ella—. Estás de pie sobre una montaña de cadáveres. Cientos… miles de vidas que han terminado por tu mano. Tu espada está empapada de sangre, Gael. Has matado a innumerables inocentes… todo por tres licántropos. Tu madre, tu padre…