Durante unos instantes, Rayborn permaneció congelado, como si su mente se negara a asimilar lo que acababa de descubrir. El General en quien había depositado su confianza, a quien había elevado por encima de muchos otros, no era quien él creía.
Aquella verdad desafiaba todo lo que había dado por seguro. No lograba comprenderlo en su totalidad, ni medir el alcance de lo que implicaba. Era una grieta inesperada en su propia percepción del mundo.
Por primera vez en mucho tiempo, dejó de analizar,