Mientras tanto, dentro de la alcoba, Gael seguía intentando asimilar todo lo que había ocurrido.
Aún llevaba puesto el uniforme rasgado, todavía estaba sentada en el suelo cuando escuchó que alguien golpeaba la puerta.
Se levantó con lentitud, como si cada movimiento le costara un enorme esfuerzo, y caminó hacia la puerta. Se detuvo frente a ella sin abrirla, esperando… quizá una palabra, quizá alguna señal que confirmara lo que ya sospechaba.
Entonces escuchó la voz.
—General… ábreme.
Era Dami