C134: Quiero a cada uno de ellos bajo custodia.
El Alfa regresó a la mansión con el cuerpo presente, pero con el espíritu visiblemente sacudido. Asherad avanzaba como si el mundo a su alrededor hubiese perdido nitidez, como si todo aquello que acababa de descubrir le hubiese desajustado el eje interno que siempre lo había mantenido erguido.
No era un simple desorden mental: estaba profundamente conmocionado, alterado hasta la raíz, con una opresión constante en el pecho que no cedía y una tensión rígida en la mandíbula que delataba cuánto le costaba contenerse.
Cada paso que daba revelaba su estado. No caminaba con la firmeza habitual del Alfa seguro de sí, sino con una gravedad extraña, arrastrando consigo el peso de una verdad que aún no terminaba de asentarse del todo. Su mente estaba fragmentada, dispersa, incapaz de sostener una sola idea durante demasiado tiempo. Los pensamientos no fluían; se atropellaban, se superponían, dejándolo con una sensación constante de desorientación y vacío.
Atravesó la entrada principal de la man