—No lo grabes todavía.
Aryanna sostuvo el teléfono de Inés con ambas manos.
El pasillo de la clínica se había quedado demasiado pequeño. El audio filtrado por Lucien ya corría en redes, convertido en carne para desconocidos. La palabra estaba en todas partes.
Hambre.
En titulares.
En comentarios.
En capturas.
En bocas que no habían visto la habitación azul, ni la libreta de Emilia, ni a Teresa temblando frente a una hija viva.
Inés levantó la vista.
—¿Quieres esperar?
—No. Quiero pensar una fras