—No voy a entrar si Emilia no entra primero.
Aryanna dijo la frase frente a la puerta blanca de la casa de Matías, con una firmeza que ya no sabía si era cuidado, miedo o costumbre.
Emilia, a su lado, levantó una ceja.
—¿Y si yo tampoco quiero entrar primero?
Teresa se llevó una mano al pecho, agotada.
—Hijas, por favor. Una puerta normal. Solo una. Les ruego que no la conviertan en símbolo.
Céline, desde el asiento delantero de la camioneta, soltó una risa ronca.
—Demasiado tarde, señora Salvat