—No me lo pidió.
Aryanna dijo la frase al subir a la camioneta de Inés.
Paula cerró la puerta del copiloto. Inés arrancó sin esperar a que el guardia de la fiscalía terminara de mirar hacia ellas con curiosidad. La ciudad empezaba a despertar con esa luz gris que no parecía mañana, sino cansancio extendido sobre los edificios.
Aryanna llevaba el vaso de café vacío entre las manos.
No sabía por qué no lo había tirado.
Quizá porque aún estaba caliente cuando Silvain la miró.
Quizá porque había sid