—No vuelva a decir que me quería cerca.
Aryanna no levantó la voz.
No hacía falta.
El pasillo de la clínica seguía oliendo a café recalentado, antiséptico y madrugada. Silvain estaba frente a ella, con la gasa en la ceja y esa confesión todavía abierta entre ambos, sangrando más que su herida.
No darle trabajo. Era tenerla cerca.
Teresa no se movía. Emilia seguía tomada de la mano de Aryanna. Matías miraba al suelo, rígido, como si le costara más apartarse de esa escena que entrar a una propieda