―Entonces mañana aprenderá que esta casa ya no adopta secretos solo porque llegaron con apellido Salvatierra.
A la mañana siguiente, Aryanna no corrió al taller.
Se levantó.
Se bañó.
Desayunó dos mordidas de pan tostado y media taza de café que Céline calificó como “triste pero funcional”. Revisó su bolsa: dinero, llaves, la carta de Matías doblada, una libreta pequeña y nada más.
La hoja del no seguía en la vitrina.
Eso la hizo sentirse desnuda por un segundo.
Después respiró.
No tenía que car