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―Por mí. Y si no puedo pedirlo sin sentir que alguien me empuja, entonces la respuesta seguirá siendo no.

La caja quedó cerrada toda la noche.

No porque tuviera candado.

Porque nadie la tocó.

Eso, en la casa Salvatierra, ya era una forma de poder.

Aryanna despertó antes de que amaneciera y bajó descalza. La sala estaba oscura. La lámpara de B-12 seguía apagada, la silla reparada sostenía la tela de botones y la caja pequeña, la de cuarentena, descansaba sobr

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