El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana cuando Isabella terminó de trazar el último detalle en el plano que había dibujado sobre la mesa. Llevaba horas trabajando, con la concentración de quien sabe que está jugando con fuego. Sus dedos, manchados de tinta, recorrieron el contorno del edificio principal de Aurora Pharmaceuticals mientras repasaba mentalmente cada pasillo, cada puerta de seguridad, cada punto ciego de las cámaras.
León entró en la habitación con dos tazas de café