El mensaje no fue un hecho aislado.
Fue el inicio de algo más directo.
Esmeralda lo entendió desde el momento en que volvió a ver su teléfono. No había nuevos archivos, no había amenazas explícitas, pero el silencio después del ataque… era demasiado calculado para ser casual.
Era una espera.
La estaban observando.
Esperando su reacción.
Pero esta vez… no la tendrían.
Se levantó con lentitud, dejando el teléfono sobre la mesa. Su mente ya no estaba atrapada en la indignación. Estaba organizando.