La ovación de los estibadores y marineros seguía resonando en las vigas de acero del muelle viejo mientras los tres buques de carga hacían sonar sus sirenas, anunciando su salida hacia el mar abierto. El sonido, pesado y profundo, se extendió por toda la bahía de Aurelia, pero esta vez no infundía el temor de los viejos tiempos de contrabando; era el anuncio oficial de una nueva era comercial.
Esmeralda bajó de la tarima de control con una sonrisa contenida, sintiendo cómo el peso de la respo