Ocho meses después del gran terremoto corporativo que reestructuró la provincia, el sol de Aurelia caía sobre el muelle viejo con una calidez dorada, desprovista de las sombras del pasado. La torre de cristal y acero se divisaba a lo lejos, imponente, pero la vida de la CEO ya no se medía únicamente en el vaivén de la bolsa de valores. Se medía en latidos.
Esmeralda caminaba lentamente por el sendero de madera restaurado, vistiendo un vestido amplio de seda color crema que se amoldaba por com