La puerta terminó de abrirse.
Lentamente.
Con un chirrido antiguo que resonó por todo el corredor.
Una ráfaga de aire encerrado durante décadas escapó de la habitación.
Polvo.
Humedad.
Tiempo.
Era como si aquel lugar hubiera permanecido congelado.
Esperando.
Nadie habló.
Gabriel fue el primero en encender una linterna.
El haz de luz atravesó la oscuridad.
Y todos quedaron inmóviles.
Porque aquello no era una habitación.
Era un archivo.
Un enorme archivo privado.
Estanterías completas cubrían la