La lluvia continuaba golpeando los ventanales.
Pero dentro del despacho nadie parecía escucharla.
La palabra seguía suspendida en el aire.
Gemelas.
Esmeralda permanecía inmóvil.
Sin respirar.
Sin parpadear.
—Eso no puede ser.
susurró.
Gabriel volvió a revisar el documento.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Y entonces encontró una anotación escrita a mano en el margen inferior.
Una anotación que parecía haber sido agregada posteriormente.
Su rostro cambió inmediatamente.
—Esperen...
Emilio dio un