El despacho quedó en silencio.
Un silencio pesado.
Difícil de soportar.
La fotografía permanecía sobre la mesa.
La imagen de aquella gala benéfica de hacía veinte años.
La imagen de su madre.
La imagen de ella siendo apenas un bebé.
Y la imagen de Leónidas Devereux observándola.
Como si ya supiera algo.
Como si ya la estuviera esperando.
—No.
dijo Emilio finalmente.
Todos lo miraron.
—No vamos a sacar conclusiones precipitadas.
Gabriel asintió.
—Estoy de acuerdo.
Pero incluso él sabía que aquel