Desde el interior del salón, Esmeralda observó la terraza.
La distancia era demasiada para escuchar palabras.
Pero suficiente para ver gestos.
Expresiones.
Miradas.
Y en ese momento, una parte de ella deseó no haber volteado.
Porque allí estaban.
Emilio y Valeria.
Solos.
Hablando.
Compartiendo un momento que ella no podía interpretar.
Por primera vez en mucho tiempo, Esmeralda sintió miedo.
No un miedo racional.
No un miedo basado en hechos.
Sino uno nacido de la inseguridad.
Porque Valeria rep