La sonrisa permaneció en el rostro de las dos mujeres.
Perfecta.
Educada.
Impecable.
Pero cuando Emilio regresó junto a ellas, percibió algo extraño en el ambiente.
Algo que no lograba identificar.
—¿De qué hablaban?
preguntó.
—De ti.
respondió Valeria.
Esmeralda tomó una copa de la bandeja de un mesero.
—Muchísimo de ti.
agregó con una sonrisa.
Emilio entrecerró los ojos.
—Eso me preocupa.
Las dos mujeres soltaron una pequeña risa.
Y por primera vez en toda la noche Emilio sintió auténtico mie