La noticia del embarazo transformó la Mansión Villarreal por completo.
De un día para otro, todos parecían haber perdido la cordura.
Especialmente Sebastián.
—Necesitamos reforzar las escaleras.
—¿Qué? —preguntó Esmeralda.
—Y cambiar los pisos.
—¿Por qué?
—Y comprar cámaras.
—Sebastián...
—Y contratar seguridad infantil.
—¡El bebé ni siquiera ha nacido!
—Precisamente.
Hay que adelantarse.
Emilio comenzó a reír.
Mientras Isabel se secaba las lágrimas de felicidad.
Durante los días siguientes, la