Los días comenzaron a transcurrir con una calma que resultaba extraña para todos.
Después de meses de traiciones, sangre, pérdidas y guerras empresariales, la Mansión Villarreal parecía estar aprendiendo a respirar nuevamente.
Las flores del jardín volvieron a florecer.
Los empleados sonreían más.
Las luces permanecían encendidas hasta tarde.
Y por primera vez desde la muerte de Don Maximiliano, el silencio ya no era sinónimo de tristeza.
Era paz.
Una mañana, Esmeralda despertó antes del amanec