El tiempo pareció detenerse.
El jardín de la Mansión Villarreal quedó envuelto en un silencio absoluto.
Solo el canto lejano de los pájaros y la suave brisa de la mañana acompañaban aquel instante.
Esmeralda observó a Emilio.
Arrodillado frente a ella.
Con el anillo en la mano.
Con los ojos llenos de amor.
Con la misma mirada que había tenido la primera vez que la llamó pequeña.
La misma mirada con la que la protegió cuando el mundo entero intentó destruirla.
La misma mirada con la que permanec