La pantalla del teléfono quedó completamente negra después del mensaje de Adrián.
Pero el terror que había provocado permaneció flotando en el aire.
Nadie habló.
Nadie respiró.
La frase seguía resonando en la mente de Esmeralda.
"Quiero ver morir a la última Villarreal."
Por primera vez desde que comenzó aquella guerra, comprendió que aquello ya no era una batalla por una herencia.
Ni por el Consorcio.
Ni siquiera por la verdad.
Era una venganza.
Una obsesión enfermiza que llevaba más de veinte