La lluvia comenzó a caer sobre Aurelia como si el cielo mismo presintiera la sangre que estaba a punto de derramarse.
Desde la ventana del Hospital San Lucas, Esmeralda observaba las luces de la ciudad difuminarse entre la tormenta.
Tenía el corazón acelerado.
Un presentimiento oscuro le oprimía el pecho.
Algo no encajaba.
Y mientras más pensaba en ello, más fuerte se volvía aquella sensación.
Detrás de ella, Emilio terminaba de colocarse una chaqueta oscura para ocultar parcialmente los vendaj