La habitación quedó sumida en un silencio sepulcral.
Nadie se movió.
Nadie habló.
Las palabras de Emilio seguían resonando en las paredes como una sentencia imposible de ignorar.
"La gente que destruyó a tu madre sigue viva."
Esmeralda permaneció inmóvil durante largos segundos.
Las lágrimas continuaban deslizándose por sus mejillas, pero algo había cambiado.
Ya no eran lágrimas de debilidad.
Eran lágrimas de duelo.
De rabia.
De una herida que acababa de abrirse después de años enterrada.
Toda