La noche había dejado de parecer real.
Las llamas envolviendo la mansión Villarreal iluminaban el cielo de Aurelia como si el mismísimo infierno hubiera abierto sus puertas. Las sirenas sonaban a lo lejos, pero nadie se atrevía todavía a acercarse demasiado a la propiedad.
Porque todos sabían quién estaba adentro.
Adrián Villarreal.
Y un hombre desesperado era más peligroso que cualquier incendio.
Dentro de la camioneta blindada de Emilio, el ambiente era asfixiante. Nadie hablaba. Solo se escu