La mansión Villarreal volvió a abrir sus puertas entrada la madrugada.
Pero ya no era el hogar imponente y lleno de autoridad que Aurelia conocía.
Ahora parecía un mausoleo.
Los enormes candelabros iluminaban tenuemente los pasillos cubiertos de mármol negro, mientras empleados vestidos de luto caminaban en silencio absoluto preparando el funeral del hombre más poderoso de la ciudad. En el gran salón principal, rodeado de arreglos florales blancos y cirios dorados, descansaba el cuerpo de Don M