—Debe abandonar el edificio ahora mismo.
Las palabras del oficial de la corte cayeron como una sentencia pública sobre Esmeralda.
El silencio dentro de la oficina presidencial era insoportable.
Humillante.
Devastador.
El documento seguía extendido frente a ella mientras el abogado del padre de Caricia sonreía discretamente, disfrutando cada segundo de aquella caída.
Arriaga estaba furioso.
Los asistentes legales observaban la escena con fría indiferencia.
Y afuera, detrás de las paredes de cris