La mañana había comenzado demasiado bien.
Y quizá por eso el golpe fue todavía más brutal.
La camioneta negra avanzó lentamente por la entrada principal de la Torre Villarreal mientras el sol iluminaba los enormes ventanales del edificio corporativo.
Esmeralda observaba la ciudad desde el asiento trasero con una tranquilidad que no había sentido en semanas.
Llevaba puesto el traje gris marengo que había elegido la noche anterior en “Aura”. Elegante. Sobrio. Impecable.
La imagen perfecta de una