Esmeralda sintió que algo dentro de ella cambiaba lentamente.
No era solo el rubor que todavía calentaba sus mejillas después del beso.
Era algo más profundo.
Más peligroso.
Más real.
Porque la palabra pequeña no la había hecho sentir débil.
La hizo sentir protegida.
Vista.
Elegida.
Y eso era infinitamente más íntimo que cualquier caricia.
Sus ojos café claro permanecieron fijos en Emilio mientras el silencio seguía envolviendo la sala de la “Estrella del Alba”. Afuera, Aurelia brillaba bajo la