El silencio continuó envolviendo la sala de la “Estrella del Alba”.
Pero ya no era un silencio vacío.
Era un silencio vivo.
Palpitante.
Como si cada respiración entre ellos estuviera construyendo algo imposible de detener.
La ciudad de Aurelia brillaba detrás de los ventanales inmensos, reflejándose tenuemente sobre el piso de mármol y los muebles modernos. Sin embargo, para Esmeralda, todo el mundo parecía haberse reducido al hombre sentado frente a ella.
A Emilio.
Al hombre que acababa de mos